miércoles, 2 de marzo de 2011

Un viaje, muchas historias...

Estos son los chic@s ganadores de las reflexiones escritas:

Miércoles, 16 de febrero de 2011

Con los ojos hundidos en la ignorancia de una enfermedad desconocida a la soledad de un pueblo, Gisella nos mira. Llora, luego se levanta y ríe desaforadamente enganchada a la pierna de una desconocida a la que llama "mamá" ¿y la verdadera madre, dónde está? Eso es una pregunta que la pequeña no podrá responder. Con más de 8 años, no puede hablar. 
Ella es una de los elementos que hace que el trabajo en Pistishí sea, de alguna manera, extrañamente surreal. La neblina que cubre diferentes mitades de las montañas con el pasar del día nos envuelve mientras caminamos, aislándonos del mundo. Hace que nuestro trabajo campesino se vuelva nuestra realidad, en cierta manera somos, por un breve momento, parte del pueblo. 


Jueves, 17 de febrero de 2011

Pocas veces uno siente el agradecimiento en los ojos de alguien. Aún así, es irónico que con un regalo aparentemente mínimo, veinte huecos y veinte plantas, ese sentimiento sea tan obvio que se pueda decir sin miedo a que sea orgullo no merecido. Así de relativo es el agradecimiento: de la misma manera que una manzana es algo asombroso para alguien que nunca ha comido una, la madre de doña Juana nos dio en aquel abrazo una ráfaga de buenos deseos equivalente a cómo sentía el favor que le habíamos hecho. Cavar aquel sinnúmero de huecos fue un fenómeno. Lo que a nosotros nos divertió por tres horas a Juana y a su madre las alimentarán y sustentarán económicamente por más de tres años. Y es por es que me siento agradecido por las circunstancias que me llevaron a cavar aquellos huecos, pues no existe satisfacción como la de sentir que lo que uno hace crea satisfacción y sobretodo agradecimiento en otros. Al fin y al cabo, esas son el tipo de tres horas que vale la pena sudar. 
Reflexiones escritas por: David Berón 







Miércoles, 16 de febrero de 2011

El día de hoy nos tocó como agricultora una señora llamada María. Su hija de 18 años y ya casada la estaba ayudando junto con su prima que también ya estaba casada. Después de hacer 16 de los 20 huecos fuimos a hacer los últimos 4 en el terreno de ella alado de su casa. Subiendo a la casa, tuvimos la oportunidad de conversar con estas dos chicas que tenían nuestra misma edad pero dos vidas totalmente diferentes. La prima de Verónica nos contó que ella se tuvo que casar porque se quedó embarazada al final de cuarto curso. Nos dijo que no le gustaba su vida como casada y peor el hecho que se tenía que ir a vivir a Quito donde no se enseñaba. Su hijo apenas tiene 4 meses y le ve a su papá cada dos semanas ya que este trabaja en Quito. pero lo que más nos dejó atónitos fue cuando nos preguntó si nosotros asistíamos a esos colegios carísimos y si teníamos una casa grandota, donde alguien nos hacía todas nuestras cosas. No supimos que responder, cualquier respuesta no sonaba lo suficientemente sincera ni honesta, pero asentimos con la cabeza y seguimos caminando. Al final, terminamos muy amigas de Verónica y su prima; eran como dos amigas más del grupo pero la diferencia era que ellas tenían que llegar a cocinar y atender a toda una familia y nosotros lastimosamente llegar a ser atendidas. 

Reflexión escrita por: Manuela Salazar 
16 de febrero de 2011
Hoy, nuestro primer día de trabajo nos hizo abrir los ojos a la realidad de miles de personas de nuestro país. Conocimos lugares que no sabíamos que existían.Disfrutamos de paisajes únicos y sobretodo trabajamos duro. Mi grupo fue al que le tocó el terreno más lejano. Caminamos dos horas de ida y un poco más de regreso por las empinadas subidas. Este camino que recorrimos dos veces por un día es el camino de todos los días de estas personas. Personas con escasos recursos pero con un corazón enorme nos regalaron algunos frutos de sus terrenos y compartieron su vida con nostros. Lo más importante nos ayudaron a recorrer los difíciles caminos y nos tuvieron paciencia. Conocía  una niña de no más de 4 años quien me llamaba "mamá" y no me dejaba separarme de ella. Poco después me enteré que la madre de la niña se había ido a Estados Unidos y le dejó allí. Gente que necesita cuidado y cariño, eso es lo que vi hoy, gente que debería tener más oportunidades. 
Estos días deberíamos todos comprometernos a ayudar, trabajar fuerte y saber que talvez podemos estar cambiando la vida de una persona enormemente. 

Reflexión escrita por: Camila Chiriboga


 



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